Misiones Mercedarias

1 PRÓLOGO
Hablar de misiones desde un punto de vista real e histórico, a nosotros, laicos mercedarios, se nos hacía muy difícil, ya que no podíamos hablar de todas las realidades mercedarias en el mundo ni teníamos la experiencia necesaria, que puede tener un misionero o misionera para explicar con total exactitud qué es ser misionero. Decidimos entonces, recurrir a nuestras experiencias en misiones en los Campos de Trabajo de la ONG MANOS MERCEDARIAS, para poder explicar qué es para nosotros una Misión y poder reconocer el maravilloso trabajo que misioneras y misioneros hacen en el tercer mundo.

Hemos redactado estas páginas con el corazón y pensando, en todo momento, en las misioneras con las que hemos podido convivir en estos campos de trabajo, en todo lo que hemos podido aprender de ellas y, sobre todo, en la gran riqueza que hemos recibido en nuestras experiencias en misiones.

2 HABLAR DE MISIONEROS ES HABLAR DE AMOR
Desde los ojos de unos laicos mercedarios, hablar de MISIONES es hablar de AMOR.
Cuando de pequeña en el colegio de las Religiosas Mercedarias Misioneras de Martorell, esperaba la llegada de misioneras que nos explicaban cada año su trabajo en África, me admiraba su valor y su tenacidad; pero sobre todo, lo que más me admiraba era su capacidad de amar.

Esas misioneras, que con fotografías de niños de África, nos contaban cómo sobrevivían en medio de la selva o en medio de cualquier guerra, habían despertado en mí la necesidad de ir a las misiones, de conocer ese mundo, pero sobre todo habían sabido transmitir lo importante que es darse a los demás.
Josefina, una religiosa mercedaria de Martorell, nos contaba las necesidades de Angola, nos enseñaba los ojos de esos niños de Malanje, que transmitían el horror de la guerra que habían vivido, pero al mismo tiempo transmitían la ternura de quien necesita que le quieran. Y allí estaban las misioneras, dando su vida a los demás, en medio de la selva, sin agua, sin luz, sin comida; expuestas a enfermedades en medio de la guerra... y sin embargo, allí estaban porque así lo deseaban.
Era difícil de entender cómo esas misioneras, como tantos otros misioneros en el mundo, voluntariamente, deseaban estar en África o en la América Latina ayudando; creando aldeas, centros nutricionales, hospitales, leproserías, comunidades religiosas...

Recuerdo que me preguntaba, cuando las oía hablar, qué FUERZA era la que les permitía luchar con tanto empeño, qué fuerza era la que les permitía hablar con alegría de algo que yo veía con tanta dureza: LAS MISIONES.
Misiones, algo impuesto, pensaba yo, y sin embargo, hablar de misiones era hablar de LIBERTAD. Libertad porque los misioneros y misioneras elegían libremente ese destino, aún sabiendo que su vida podía estar en peligro, aún sabiendo que estarían alejados de sus familias. Y elegían ese camino, precisamente para liberar. Para llevar esa libertad que les faltaba a la gente de África, de América o de Asia, para llevar el mensaje de la PAZ en medio de la guerra.
Desde entonces, yo deseaba poder ir a las Misiones y entender qué era lo que les daba coraje ante tantas adversidades, quería conseguir esa Fuerza. Pasó el tiempo, y ya en la Universidad tuve la ocasión de conocer a un misionero un "Padre blanco", que nos explicó lo importante que era encontrar "manos" que ayudasen en las misiones. Nos contaba que estaba en Barcelona, muy a pesar suyo porque se recuperaba de una malaria. De nuevo, cuando oía a ese misionero, tenía de nuevo esa sensación de estar ante alguien que no le teme a nada, alguien que lo da todo por los demás, alguien que tiene esa fuerza que lo hace invencible, alguien que da su vida por la libertad.

Pasó el tiempo y de nuevo regresé al colegio de las Mercedarias Misioneras, pero no como alumna, sino como profesora, del que era para mí, "mi colegio". El lugar en donde había aprendido los valores de libertad y solidaridad. De nuevo volvía al mundo de las misiones y esta vez no lo podía dejar escapar. .. Sentía la necesidad de ir a conocer a misioneras y misioneros, pero allí, en África, quería ir a Angola a ayudar a Josefina... quería ir a prestar "mis manos" donde hiciesen falta. Pero esto no era posible, ya que Angola estaba en guerra y no había posibilidad de ir, y sin embargo, allí estaban nuestras misioneras: Palacios, Josefina, Ana Ma. Clara Luz, Marlene, Bela, Augusta, Bibí... en medio de las bombas, recogiendo a niños sin hogar, sin familia, muchos de ellos mutilados, torturados y maltratados por la guerra. Allí estaban intentando darles amor. Cuando ong's y ayudas internacionales desaparecían del país por peligro, los misioneros y las misioneras, allí se quedaban.
Pedimos permiso varias veces a Mercedes, entonces nuestra madre general para ir a Angola, y ella insistió en el riesgo que suponía para nosotros, pero sin embargo, nos permitió ir a Mozambique, a N' Kondedzi, una antigua leprosería en la selva.

En N'Kondedzi, pudimos entender de donde venía esa fuerza que mueve a los misioneros y misioneras. Allí estaba María Felisa, una mercedaria aragonesa, que había fundado una aldea en la selva, un hogar para 300 leprosos, que en la ciudad de Tete nadie quería. Ese verano, en la aldea de N'Kondedzi aprendimos de María Felisa, que lo más importante para ser feliz era hacer felices a los demás. Cada mañana, todo el mundo se levantaba a las seis en la aldea de N'Kondedzi, y María Felisa, de unos 65 años, con piernas hinchadas por la mala circulación, con las rodillas que casi no la sostenían, organizaba la vida de la aldea. Cuando te miraba con esos ojos tan azules, transmitía ese amor y esa ternura que un misionero o misionera es capaz de dar sin esperar nada a cambio. A pesar de las muchas malarias que pasó María Felisa, ella seguía allí, con sus "docentes de lepra". Pudiendo estar en Aragón con su familia, ella prefería estar en África, con los suyos, con su gente. Era esa fuerza tan especial que de pequeña yo percibía en los misioneros lo que movía a María Felisa cada día.

Y oyéndola hablar de la leprosería, de cómo sobrevivieron durante la guerra, de las malarias... fue entonces cuando entendimos que esa fuerza que la movía venía de Dios. Era así, así lo creíamos entonces y así lo seguimos creyendo; ese coraje que les hace casi invencibles viene de Dios, esa lucha por la libertad viene de Dios, ese amor que siempre transmitía María Felisa venía de Dios. María Felisa murió de una malaria al empezar el 2002 en las fiestas de Navidad. Fue para todos un golpe tan duro que nos hizo reaccionar. María Felisa nos decía: "que los demás vean por vuestros ojos", quería que explicásemos lo que como laicos mercedarios veíamos en las misiones, quería que la gente supiese del dolor de África, de la muerte en África, del sufrimiento del pueblo africano. Ella nos decía que la gente era solidaria si sabía que podía ser útil, que podía ayudar; pero teníamos que contarles lo que había. Y como laicos mercedarios que creemos en la libertad decidimos hacerla. Decidimos informar sobre las misiones que conocíamos a través de nuestros campos de trabajo. Y nos sorprendió ver que realmente la gente es solidaria y es capaz de ayudar como nos decía María Felisa. Ella decía que todos tendríamos que ser misioneros, que el darse a los demás es la manera de mejorar el mundo. Nos decía: "el mundo no se puede arreglar, pero al menos, cuando yo muera, me gustaría haber colaborado en mejorarlo un poquito" y realmente fue así.
Cuando en los colegios explicamos lo que se hacía y lo que quedaba por hacer en las misiones mercedarias, deseábamos tener esa fuerza que nos hiciese capaces de explicar y convencer de lo importante que es creer en la Paz, la Libertad y la Solidaridad. Esa fuerza que nos permitiese transmitir que es una obligación moral que tenemos el ayudar a los nece-sitados, como lo hacen los misioneros y las misioneras.

Conocimos con Carmen la tenacidad de las misioneras y misioneros, su capacidad de ser incansables y esa fuerza que tienen para convencer. En Maputo, Carmen intentaba crear un hogar para chicas, "Lar Tiberíades", quería ver acabado ese proyecto. Cuando nos contó por primera vez ese proyecto en Katembe, creímos que sería muy difícil llevar a cabo esa tarea, suponía mucho dinero; pero para Carmen, alguien que se mueve en Justicia y Paz, alguien que es capaz de llamar a todas las puertas de manera incansable... no fue difícil, aprendimos de Carmen que no hay nada imposible si en realidad se desea. Ella decía: "pues se hace y ya, pronto". Lar Tiberíades ya está a medio hacer, ya acoge a chicas y seguro que pronto, gracias a la tenacidad de Carmen y a la ayuda solidaria de la gente podrá verse finalizado el proyecto.

Los misioneros y las misioneras sienten así, no dudan, no desfallecen, llaman a puertas y más puertas para conseguir lo que "otros necesitan", nada es para ellos, todo es para los demás.

Cuando explicamos nuestras experiencias en Maputo, intentamos crear en nuestros colegios ese voluntariado mercedario, esa pastoral mercedaria que ayudase a las misiones, queríamos que los niños y las niñas entendiesen que ayudar a las Misiones era trabajo de todos, que nuestras manos pudiesen enlazarse con las suyas.

Regina en N'Kondedzi nos enseñó realmente a ver hasta qué punto un misionero se desprende absolutamente de todo, y aún así da gracias a Dios y se siente feliz. Regina es una religiosa mercedaria peruana, pero que quería estar en África. Sentía, decía ella, que África le llamaba y que su vocación estaba allí en la selva. Tiempo y tiempo le costó conseguir ser enviada a África y una vez allí trabajó con esa humildad que caracteriza a las misioneras y misioneros. Era una trabajadora incansable pero siempre tenía la sensación de haber podido hacer más, aunque para nosotros su trabajo era perfecto. Ese espíritu de superación de los misioneros se ponía de manifiesto a diario con Regina. Con gran dolor, Regina fue obligada a dejar África, ya que después de muchas malarias, su salud peligraba. Tuvimos el gran placer de encontrarla en nuestro campo de trabajo en Perú y de comprobar que su don de darse a los demás continúa intacto.

Merce, en Katembe, es la gran difusora de Nuestra Señora de la Merced. En la misión de Katembe conocimos a Merce, la gran pintora de la Virgen. Cada una de las imágenes que pinta, lleva las cadenas de la liberación, el escudo de Pedro Nolasco y la bella imagen de la Virgen haciendo Merced; pero estas vírgenes de Merce, llevan la "capolana" africana, y todas ellas son de color "preto". Es quizás, la mejor manera de demostrar en las misiones, que el color de nuestra piel no nos aleja, sino que nos acerca. De ella aprendimos que ser distintos es un privilegio y que la diversidad es un derecho para todos. Para esta misionera su vida consiste en explicar la Merced de María.

Decir adiós a la gente querida después de cada campo de trabajo es muy duro, marcharse de las misiones, dejando parte de tu corazón allí es difícil, pero de Palacios aprendimos que siempre "estamos juntos". En Luanda conocimos a una de las Misioneras fundadoras de África. Realmente la podríamos definir como fundadora, ya que fue capaz de construir hogares para niños, centros de salud, comunidades; pero al mismo tiempo fue capaz de dejar esas misiones y su gente, donde ya había hecho su labor, para ir a otros lugares donde era más necesaria. Palacios nos decía que a pesar de la distancia, su corazón estaba en todas las comunidades en las que había convivido; y que ella sabía que lo importante era prestar sus "manos" en los lugares que más la necesitasen. Cuando dejamos Angola ese verano, aprendimos a mitigar el dolor decirse adiós, ya que nos hizo entender lo que representaba el sentirse miembro de la gran familia mercedaria, y esto quedaba recogido con su frase: "estamos juntos".

Gracias a Clara Luz pudimos entrar en Angola, movió papeles y papeles y pudimos llegar a la misión de Bemfica. Clara Luz trabajaba en el "Posta de Saude", su misión era la salud. Éste es otro de los graves problemas con los que misioneros y misioneras de todo el mundo se encuentran ¿Cómo curar si no hay medios con que hacerlo? No hay médicos, no hay medicinas, no hay ni los recursos mínimos para atender a los necesitados, y por suerte, gracias a muchos misioneros y misioneras esta atención sanitaria ha mejorado mucho. Lo que hacía tan especial el trabajo de Clara Luz en la misión era su alegría, sonreía siempre, aún a pesar de las adversidades, esa sonrisa tranquilizaba a cualquier enfermo. Es el hacer las cosas con alegría lo que pudimos aprender de Clara Luz, algo que se pone también de manifiesto en los demás misioneros y misioneras.

Marisa, nuestra madre general, nos propuso ir al Perú y en Lima pudimos conocer a Manoli, que representa el tesón que todo misionero y misionera tiene y ese no detenerse ante ninguna adversidad. Manoli está en Barrios Altos, una zona de alto riesgo social, con niños de la calle en Fuerza Barrio, creando un hogar y una ayuda para los que no tienen. Pudimos ver el trabajo de las misiones de Lima, que para financiar el hogar de Fuerza Barrio, buscaban y rebuscaban por cualquier sitio, recogían chatarra, ropa; para conseguir dinero para el hogar. Es el seguir y seguir de cada día, lo que más nos impresionó de Manoli y el no tener miedo de la inseguridad ni del peligro de la zona y la alegría con que afronta los muchísimos problemas que surgen en Barrios Altos.

Macu, también en Lima representa otro de los grandes símbolos que define a un misionero: luchar por la justicia y la libertad. Su trabajo de denuncia ante las injusticias, su participación en encuentros por la paz: "para que no se repita", su lucha contra las injusticias sociales en Lima dan sentido misionero a su labor diaria.

Podríamos explicar más, muchos más ejemplos de misioneros y misioneras mercedarias: Rosa M", Lourdes, Loli, Fátima, Marta, Idarnis, Marlene, Ana, Víctor, Katimbo, Quaresma, Lily, Manuela, Celia, Eloisa, Charito, Mary Luz, María, Lutgarda, Asunta, Lucila, Amparo... Todos ellos y ellas, como los demás misioneros y misioneras, son capaces de amar tanto que dan su vida por los demás, por eso creemos que HABLAR DE MISIONES ES HABLAR DE AMOR:
.:. Dar sin recibir nada a cambio.
• :. Dar con esa humildad que es dar con amor.
• :. Dar creyendo que es la mejor manera de ser feliz.
• :. Dar porque Dios les llena.
• :. Dar con esa fuerza que los misioneros y misioneras tienen, esa fuerza que creemos que es "un regalo de Dios".
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3 LOS LAICOS TAMBIÉN PODEMOS SER MISIONEROS
Ayudar es obligación moral de todos, todos podemos ser misioneros.

Desde el mundo laico, sentirse laico misionero es una manera de ayudar en ese duro trabajo de los misioneros en el tercer mundo. Implicamos los laicos en las misiones mercedarias es ya, hoy en día, una realidad. El laicado mercedario abre su camino para pedir Libertad, apoyando la labor de nuestros misioneros. Ser laico misionero supone fomentar esa labor de voluntariado entre nuestros jóvenes, trabajar los valores de la solidaridad y la paz; todo ello sintiendo el amor de Dios. Esa presencia de Dios que, al igual que a nuestros hermanos y hermanas misioneros, nos da esa fuerza, la que nos proporciona la Fe y nos ayuda a sentimos mercedarios seguidores de Pedro Nolasco, que trabajamos para liberar.

Y para formar parte de ese laicado-mercedario no es necesario viajar al tercer mundo para ayudar de manera directa a nuestras misiones, no, creemos que es muy importante nuestro trabajo aquí, fomentando estos valores de los que acabamos de hablar y trabajando para liberar. Este buen trabajo seguro que después se ve reflejado en nuestras misiones, que van a recibir frutos de esta labor. De hecho ya está pasando, nuestras misiones ya se sienten apoyadas y están recibiendo grandes ayudas fruto del trabajo del laicado mercedario.

Podemos, además afirmar que este laicado-misionero está presente e infatigable, sólo hay que mirar nuestras ong's Acción Liberadora, Mans Mercedàries…, nuestras parroquias, nuestras escuelas y tantas organizaciones mercedarias que cumplen sus objetivos gracias a la gran labor de todo este laicado-mercedario que tiene ganas de liberar, de amar, de dar, de trabajar y de darse a los demás siguiendo el camino empezado ya hace más de 800 años por San Pedro Nolasco.

4 PRESENCIA MERCEDARIA EN EL MUNDO
La presencia misionera mercedaria en el mundo es muy grande, aunque no sabemos si esto es bueno o malo, sabemos que nuestra presencia ha ido creciendo en respuesta a la injusticia que reina por todo el planeta.
Si el mundo no estuviese tan injustamente repartido, si realmente la paz y amor estuviese presente en todo el mundo, si hubiese libertad para todos; los misioneros y misioneras tendrían mucho menos trabajo. Pero, ¿sería bueno, entonces tanta presencia mercedaria en el mundo? Estamos convencidos de que sí. El Carisma Mercedario de liberación, de darse a los demás es un modelo de vida que te ayuda a ser feliz, no es sólo una respuesta a las injusticias del mundo. Volvamos a la realidad, desgraciadamente esta situación propuesta es utópica y la presencia mercedaria se hace necesaria por los dos motivos antes expuestos. Como mercedarios, podemos sentirnos orgullosos de todo el gran trabajo que se hace en nuestras misiones y creemos que sería bueno para valorar y agradecer a Dios lo mucho que tenemos, que todo este "primer mundo" pudiese, al menos, "visitar" alguna vez en su vida alguna misión. Y podrían valorar también, la maravillosa labor que misioneros y misioneras realizan.

Nosotros podemos decir, que esto se cumplió desde nuestra primera visita a misiones, y además afirmamos que nuestra vida ha cambiado a mejor con la riqueza que hemos recibido en cada uno de nuestros veranos que hemos pasado junto a nuestras misioneras y entre la gente con quien ellas conviven.
Somos la gran Familia Mercedaria que con María de la Merced caminamos seguros abriendo caminos de liberación.

TESTIMONIO
Bien, ahí están nuestras opiniones sobre las Misiones Mercedarias, opiniones que se han ido creando con nuestra pequeña experiencia al lado de nuestras Misioneras. Pero como decíamos en el prólogo, no tenemos la experiencia necesaria que puede tener un misionero o misionera para explicar con total exactitud qué es ser misionero. Por esto hemos recurrido a nuestra querida amiga Manoli y le hemos pedido que nos explique su experiencia misionera, de manera resumida, ya que necesitaría varios libros para relatarla toda."
DESDE LA SERENIDAD DE LA MISIÓN
Cuando he pensado en el título que quería poner a este compartir mi experiencia misionera con ustedes, he escrito lo primero que me ha venido a la cabeza. Y sí, realmente me siento identificada con este título porque recoge las dos etapas que he vivido con relación a mi opción misionera. Me van a permitir ponerle el nombre al primer capítulo de la primera etapa.
INICIOS Y PURIFICACIONES
Con seguridad que estaremos de acuerdo ustedes y yo con la siguiente afirmación: en la etapa de la juventud se da la búsqueda de llevar adelante ideales y en muchos de los casos si para llevar a cabo esos ideales hay que arriesgar aspectos importantes de la vida, pues más emocionante se tornaba el ideal. Bueno quizá esto pertenece a los de mi generación (tengo 44 años), es decir, nací en los años 60 época marcada por los Beatles, movimiento hippy, movimiento feminista y un sin fin de hechos históricos sociales y ec1esiales en el ámbito mundial que marcaron las historia de nuestra generación. Con todo este telón histórico de fondo fui haciendo camino junto a otros jóvenes con los que me reunía a soñar utopías, al calor y la mirada de Carmen Acín, una religiosa mercedaria misionera, tan idealista y soñadora como nosotras. Lo que tenía ella que nosotras no teníamos, era la experiencia serena de la misión y además la vivía de una manera tan apasionante que contagiaba.

TIEMPO DE OPCIONES
Me llegó el tiempo de dar seriedad a las utopías haciéndolas realidad y con no pocos miedos opté por la vida religiosa mercedaria misionera. Desde este nuevo estilo de vida seguí soñando con un día salir de España a ayudar a los demás. Esta era mi motivación primera: "ayudar a los demás", ¡por supuesto!, Dios, las formadoras y mi sentido común se encargaron de purificar estos inicios misioneros. Comencé a encontrarme con las exigencias personales de la Misión Ad gentes. Gracias a Dios fui perdiendo todo el tinte romántico que yo le había puesto a la vocación misionera y me fui encontrando con una opción misionera libre de protagonismo. Es en estos momentos cuando se hizo presente el miedo a los retos de la inculturación, pero a la vez yo seguía empeñada en querer tener una experiencia misionera, desde esta llamada misionera donde yo me había encontrado con Dios cuando yo participaba en los grupos juveniles.
 
Muchas fueron las cartas que escribí, desde mis inicios en la formación inicial, pidiendo me permitieran tener una experiencia misionera. Transcurrieron bastantes años, y con ellos varias superioras generales, algunas de ellas me decían "Manoli, todavía tienes que madurar", en fin en algún momento, esto de la maduración me hizo pensar que mejor pensar en quedarme en España y optar por el llamado Cuarto mundo. De está manera fui optando por distintas misiones: Cárcel, Proyecto Hombre, Barrios Obreros, etc.

Creo que cuando había adquirido un poco de serenidad en mi vida (quizá algunas personas le llamen madurez), cuando yo perdí la obsesión de irme de España, es cuando Dios hizo realidad mi sueño, pero esta vez, me lo mostraba, creo que muy real y desnudo de romanticismos. Uno de los indicadores que a mí me hicieron leer que esto ya no era empeño mío, sino de Dios, es que, desde el momento que me dijeron que era posible que yo saliera de España, empecé a experimentar dos sentimientos muy encontrados, pero que aunque parezca medio raro, me ayudaron: el miedo y a la vez la fuerza para decir que sí a la propuesta que viniera.

NACER DE NUEVO EN ÁFRICA
No paso mucho tiempo, desde que me dijeron que posiblemente saldría fuera de España, cuando me lo afirmaron. En estos momentos el sueño se llamaba Angola (África). Respondí que sí con miedo, pero como he dicho anteriormente, con la seguridad de que Dios era el que estaba detrás de todo esto.
El miedo era producido por la inseguridad que sentía al dejar todo lo conocido: comunidad, familia, amigos, trabajo, cultura y aceptar el reto de "nacer de nuevo".
Los dos años y medio que estuve en Angola, fueron para mí un tiempo de reafirmar mi Fe, mi vocación y hasta reafirmar mis capacidades humanas. Descubrí que: "Nacer de Nuevo" en África, me exigía vivir una actitud importante: "mirado todo con ojos de aprendiza". Lo que fui descubriendo fue sorprendente, tanto que lo interioricé para finalmente dejar que ya formara parte de mi existencia. Descubrí la importancia de la PALABRA como alimento de mi espiritualidad. Y siempre las fuentes de esa PALABRA venía de la reflexión- oración de las lecturas Bíblicas del día, así como también de la PALABRA del pueblo que me hablaba de resistencia, esperanza y servicio en momentos muy duros de guerra. Quiero terminar con dos anécdotas que tienen que ver mucho con lo que estoy diciendo.

En una conversación con la Tía Benigna; una mujer de una entereza y servicialidad que a mí en muchos momentos me dejaba atónita, me dijo: "la guerra, algún día acabará, y volveremos a sembrar nuestros campos y a comer de nuestro trabajo, tenemos que resistir y ustedes, misioneras con nosotras. Realmente, me dio una lección de esperanza y también me hizo interiorizar el pedacito del Evangelio que dice "No hay mayor amor que el que da la vida por los amigos" y me acordé del cuarto voto que hacen los mercedarios y que a mí, cuando estuve en formación me decían, que las merced arias tenemos que vivir la espiritualidad del cuarto voto. La tía Benigna lo vivía y de rebote me lo recordó a mí.

Otro día me encontré con un Señor por un camino, al cual yo no conocía. Se paró a hablar conmigo y después de saludamos, me preguntó sobre lo que yo pensaba de la guerra, yo para no hablar de más, pues nos dijeron que teníamos que ser muy precavidas, sólo le dije: "la guerra es una de las más grandes monstruosidades que hemos creado", y él me respondió: no se preocupe hermana, porque aunque maten a nuestros hijos e hijas, nosotros tendremos más hijos y más hijas. Cuando acabé de hablar y seguí mi camino, fui pensando: este señor, desde su sabiduría africana, que dicho sea de paso, tienen mucha, me habló, de que la vida, aunque esté amenazada y hasta en algunos momentos la maten, seguirá viviendo en los hombres y mujeres africanos que se empeñan tercamente en hacer brotar vida en medios de signos de muerte.

... "Y LA PALABRA AFRICANA SE HIZO PRESENTE EN MI VIDA Y ME FORTALECIÓ".
Mi salida de Angola fue dolorosa, pues fue debido a los numerosos paludismos, que poco a poco me fueron debilitando, tuve que salir.

NACER DE NUEVO EN LATINOAMÉRlCA
Actualmente me encuentro en Perú. Hace 5 años que estoy en esta tierra peruana y de nuevo estoy viviendo la experiencia de "nacer de nuevo". Estoy trabajando en un Centro Preventivo Promocional de niños y adolescentes en alto riesgo. Son niños y adolescentes provenientes de familias muy desestructuradas, muchas de ellas con alguno de sus miembros en la cárcel. Con ellos voy aprendiendo cada día a creer en los cambios que una persona puede ser capaz de realizar cuando es tratada con respeto y cuando vemos en estos niños y adolescentes, algo más que problemas, cuando vemos en ellos personas con capacidad de crecimiento. Todo esto lo he ido descubriendo en ellos y junto a ellos en mí misma; ¡¡¡y es una maravilla porque a través de estas vivencias, Dios se revela con toda su HUMANIDAD!!! que libera. Resumiendo esta mi experiencia en Perú, puedo decir:

.... "Y LA PALABRA PERUANA SE HACE PRESENTE EN MI VIDA Y ME HUMANIZA".
Desde la serenidad de la misión voy aprendiendo cada día a "descalzarme porque EL PERÚ ES TIERRA SAGRADA".
Agradezco profundamente a Ton y Montse de la ONG Manos Mercedarias, amigos a los que quiero mucho por tener tanta paciencia conmigo, por recordare un montón de veces que tenía que escribir mi pequeña vivencia. Gracias porque vosotros: Ton y Montse, me habéis ayudado a pararme a pensar un poquito en lo que voy viviendo. Siempre es bueno recoger lo positivo de la vida, para seguir viviendo la misión LIBERADORA DESDE LA SERENIDAD.
Manoli Soria Berrueco, Religiosa Mercedaria en Perú